La representación del enemigo

La representación del enemigo en los carteles antifascistas

 Guerra civil y revolución. A través de sus carteles, las organizaciones libertarias (y las demás) han divulgado, por responder a las necesidades de su propaganda, su visión de los acontecimientos españoles, y una representación del enemigo:

 Que sea en los carteles o en la propaganda, es en la década 1920/1930 que aparecen las primeras señales de reconocimiento: la hoz y el martillo, los símbolos fascistas, la estrella roja, los logotipos y hasta el saludo fascista (brazo tenso), o a la inversa el puño cerrado. Los anarquistas -ellos- aún no han inventado la « A – ceñida ».

Para los propagandistas (y los cartelistas) estos símbolos tienen una ventaja doble, permiten a la vez:

  • Una firma visible, memorizable, identificable (incluso por la parte de la población iletrada). Fácilmente reproductible, esta firma funciona como una elipsis literaria o cinematográfica, con un mínimo de grafismo (y de texto) y un máximo de sentido para el lector.

  • Una representación única del enemigo mediante un dibujo que permite así de « movilizar » las masas, a partir de una consigna simplificada, incluso para algunos, simplista.

     Paradójicamente, los cartelistas libertarios y antifascistas, conocidos por sus convicciones antirreligiosas, usan abundantemente la iconografía y simbología religiosas:

  • Fiera inmundas mediante dragones, serpientes, pulpos, gárgolas verduscas de lengua roja o ahorquillada ;

  • Figuras Diabólicas : manos largas con uñas afiladas ;

  • Mártires del fascismo con trabajadores « crucificados » en una cruz (gamada) ;

  • Un bestiario también se utiliza para representar a la famosa « quinta columna ».

     

    ¿Porque tantas « cruces gamadas » en los carteles antifascistas cuando no es el emblema de la Falange?

    La simplificación de la representación de los « malos » mediante un signo único no explica la frecuencia de este emblema. Otras hipótesis se pueden enfocar de distinta manera:

     . Los comanditarios y los cartelistas se dieron cuenta, muy rápidamente, de que este conflicto superaba ampliamente las fronteras ibéricas a nivel político, militar y social. Para los dirigentes republicanos y libertarios, era por lo menos el porvenir de Europa que se estaba jugando a partir del 19 de julio 36. Primero con la esperanza de ver por fin fracasar el fascismo, y al mismo tiempo de ver triunfar la revolución social. Luego porque otra derrota de la clase obrera dejaba paso definitivamente a los fascistas con sus exacciones, en el espacio continental. En este enfoque (visto así), la cruz gamada se imponía como símbolo de las puestas políticas, y entonces del enemigo, a costa del emblema de la falange y hasta de la representación del jefe de los generales facciosos, F. Franco.

    . Al contrario, poner por delante a la cruz gamada también permite « esconder » las disensiones internas del campo republicano. En efecto, ¿Cuál es el enemigo denunciado? ¿Él que tiene el fusil - en este caso se impone la cruz gamada (o las haces falangistas) - o él que manda al soldado adverso? Entonces, la trilogía Iglesia-Ejercito-Capitalista gordo es « LA » imagen tradicional del enemigo de clase de los anarquistas y de los revolucionarios europeos. Está muy poco presente en los carteles antifascistas y libertarios, porque precisamente es sobre esa clase social (propietarios industriales, curas del campo, militares fieles a la República) que se apoya la otra parte del campo republicano: los comunistas, los nacionalistas catalanes o vascos, la derecha de los socialistas. Entonces, la unidad gráfica del campo republicano puede representarse sólo por el “denominador más pequeño y común »: el símbolo del enemigo EXTERIOR.

     Franco - como enemigo principal que debe ser eliminado- sólo aparece en 1944.

    Evolucionando de la representación gráfica del enemigo a la utilización de chivos expiatorios (señal anunciadora de la derrota), las representaciones fascistas susodichas están apartadas por los comunistas y el gobierno en su lucha contra el POUM, los aventureros, los incontrolados, es decir todos los que se oponen a su política social (ataques a las conquistas revolucionarias) y militar (militarización forzada, carencia de armas…). La representación del enemigo único a todas las organizaciones vuela en pedazos durante los enfrentamientos entre los revolucionarios y el gobierno (mayo 1937). El fascismo (la cruz gamada) desaparece poco a poco en beneficio de otra unidad gráfica: la escenificación de las victimas, con la imagen simbólica la madona con niño, y la representación de la desesperación del pueblo español abandonado por todos.

    Desde entonces, los carteles republicanos pierden su originalidad, contentándose de remediar la producción gráfica de todos los gobiernos en tiempo de guerra: particularmente con la asociación en un mismo espacio (el cartel) de los soldados al frente y de las mujeres a la retaguardia (esperando prudentemente en el hogar o en el trabajo).

     

    Wally Rosell / Ramon Pino